SOBRE MI

Formación, continuada

Con el tiempo comprendí que la experiencia práctica necesitaba ir acompañada de una base sólida de formación.

Por ello decidí formarme como adiestradora canina profesional y desde entonces mantengo un compromiso constante con el aprendizaje. Busco formarme con profesionales de referencia y sigo ampliando mis conocimientos tanto a nivel teórico como práctico.

El origen un vínculo que lo cambió todo

Mi camino con los perros empezó mucho antes de dedicarme profesionalmente a ello.
Mi gran compañero de vida fue Linux, quien estuvo a mi lado durante 15 años y se convirtió en mi mayor maestro en cuanto a vínculo, comunicación y comprensión emocional.

Linux llegó a mi vida justo cuando iba a empezar la universidad, y con él crecí como persona. Desde entonces, los perros nunca fueron simplemente animales para mí: han sido compañeros fieles, individuos con emociones y necesidades propias. Siempre he estado volcada en darles la mejor vida posible, acompañándolos y ofreciéndoles herramientas para afrontar el mundo con seguridad.

Sin saberlo en aquel momento, todo lo que Linux y yo construimos juntos sentó las bases de la forma en la que hoy conecto y trabajo con los perros.

De la vocación, al prendizaje real, las protectoras.

Antes de dedicarme profesionalmente al adiestramiento canino, trabajaba como ambientóloga desde casa, en algo que me gustaba. Sin embargo, gran parte de mi tiempo lo dedicaba al voluntariado con perros.

Durante años, tanto en España como viviendo fuera, siempre compaginé mi vida con voluntariados en protectoras, acudiendo con gran frecuencia y formando parte activa del día a día con los perros.

Fue dentro de las protectoras donde mi mirada empezó a cambiar.

Allí conocí perros que llegaban en situaciones muy críticas:
perros maltratados, malnutridos, enfermos, con heridas físicas severas o tras accidentes que requerían cuidados constantes y muy específicos.

Pero con el tiempo entendí algo aún más importante:
muchos de esos perros traían heridas emocionales incluso más profundas que las físicas.

En entornos con espacios limitados y altos niveles de estrés, empecé a buscar herramientas que permitieran mejorar su bienestar dentro de las circunstancias en las que vivían. Mi objetivo dejó de ser únicamente que el perro sobreviviera o encontrara una familia, y pasó a ser otro mucho más profundo: que cada perro pudiera irse a la familia adecuada y con ciertas herramientas ya trabajadas que facilitaran su adaptación.

Trabajé especialmente con perros con miedos, inseguridades, reactividad o dificultades en el paseo, siempre tratando de adaptar el trabajo a las necesidades individuales de cada uno.

Lluvia, mi master en miedos.

Uno de los grandes hitos en mi camino fue Lluvia, una perrita que llegó con síndrome de privación sensorial, un trastorno que genera un miedo extremo a prácticamente todo lo que rodea al perro.

Lluvia llegó inicialmente como acogida. En la protectora permanecía inmóvil en un rincón, incapaz de interactuar con el entorno. Decidí traerla a casa porque tenía el espacio adecuado y la motivación para trabajar con ella.

Lo que empezó como un caso complejo se convirtió en un aprendizaje profundo.

A través de un trabajo milimétrico, paciente y muy respetuoso con sus tiempos, fui acompañándola paso a paso, conectando con sus emociones y ayudándola a comprender el mundo que la rodeaba.

Hoy, Lluvia es una perrita completamente funcional.
Ha participado en charlas educativas en colegios sobre perros con miedo y cómo relacionarse con ellos, y también ha formado parte de intervenciones junto a la Fundación Nilo en un hospital de salud mental.

Ver su evolución —de permanecer aislada en un rincón a convertirse en una perra capaz de conectar con personas y acompañarlas emocionalmente— ha sido uno de los mayores aprendizajes y orgullos de mi vida.

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Mi manda, trabajo directamente de perro a perro.

Dentro de mi manada, Viento ocupa un lugar especial. Es uno de mis perros de trabajo, una mezcla de labrador y pastor con grandes capacidades sociales y emocionales.

Viento me acompaña en procesos de socialización y ayuda a otros perros a desarrollar habilidades sociales, aprender a relacionarse y ganar seguridad en presencia de otros individuos.

Mi forma de trabajo parte siempre de la educación de las familias, ayudándolas a estructurar la vida del perro y comprender por qué hace lo que hace. Me apoyo en mi manada como herramienta de aprendizaje real, permitiendo que los perros aprendan a través de experiencias guiadas y funcionales.

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